-El menor utilizó una escopeta de caño recortado, que pertenecía a su abuelo, quien era cazador, encontrándose la Justicia, avocada a la investigación, toda vez que, las escuelas deben ser espacios para construir la paz y donde los programas que de desarrollan, deben interpelar a docentes y alumnos sobre la violencia que es una emergente social, la cual emana principalmente en la actualidad, por la fuerte crisis social y económica, lo que nos obliga, no solamente a la detección temprana de conflictos, sino también, al abordaje de la salud mental en adolescentes y el acceso a armas de fuego en los hogares-
El Defensor del Pueblo de la Provincia de Formosa, Dr. José Leonardo Gialluca, en contacto con Funcionarios del Organismo de la Constitución de la Provincia de Santa Fe, señalaron que el crimen de un estudiante de 13 años en la Escuela Nº 40, Mariano Moreno del Municipio de San Cristóbal Provincia de Santa Fe, reavivó el debate sobre la violencia escolar y el acceso a armas. Es que el crimen en la Escuela de Santa Fe, puso fin a 22 años sin ataques fatales entre alumnos en nuestro país y por su brutalidad, interrumpe una larga excepción en argentina, a diferencia de otras partes del mundo, donde estos hechos son frecuentes.
El primer caso en nuestro país, se dio el 9 de mayo de 1997 en Burzaco Provincia de Buenos Aires, en la Escuela Secundaria Nº 2 “Héroes del Crucero Ara General Belgrano”, cuando un estudiante de 14 años llevó a la escuela el arma reglamentaria de su padre, integrante de Gendarmería Nacional y con un disparo terminó con la vida de un compañero de la misma edad. Tres años después, el 4 de agosto del 2000, Javier Ignacio Romero de 19 años, sacó un arma de fuego y disparó contra un grupo de compañeros en la Escuela de Educación Media Nº 9 de San José, Rafael Calzada, Provincia de Buenos Aires, dejando a un adolescente muerto y otro herido, “más tarde, el autor contó que era víctima de -bullying- y que sus compañeros lo apodaban -Pantriste-, este caso quedó registrado como uno de los episodios más graves de violencia escolar en argentina antes de la masacre de Carmen de Patagones, evidenciando una problemática que comenzaba a emerger: la combinación de bullying, acceso a armas de fuego y ausencia de mecanismos eficaces de contención”. El Ombudsman Provincial, advirtió que, la agresividad es un fenómeno multicausal e Instó a las familias y escuelas a detectar señales tempranas para prevenir conductas violentas en los adolescentes. Por ello, el reciente episodio de violencia en San Cristóbal, Provincia de Santa Fe, enciende las alarmas sobre la salud emocional de los jóvenes y el clima social actual, afirmando que este tipo de hechos no pueden reducirse a una sola causa, sino que son el resultado de una compleja interacción de factores individuales, familiares y sociales. La violencia se ha instalado fuertemente en diversos ámbitos, convirtiéndose en un fenómeno que «empuja» a la sociedad a replantearse los métodos de acompañamiento y contención que se brindan a las nuevas generaciones. Destacó que la familia ejerce la mayor influencia sobre el comportamiento del adolescente, al ser su primer espacio de educación y seguridad. Un entorno donde la agresividad es común enseña al menor a incorporarla como una herramienta válida para resolver conflictos o canalizar emociones. Asimismo, señaló que los estilos de crianza extremos —ya sean muy permisivos o excesivamente autoritarios— suelen derivar en una preocupante falta de respeto a la autoridad y una carencia de empatía hacia los pares, elementos que detonaron en la situación violenta que conmocionó a la comunidad educativa santafesina.
Acciones concretas y el impacto del ejemplo adulto: Gialluca advirtió sobre factores individuales como la impulsividad, la baja autoestima y la irritabilidad, señales que suelen preceder a los estallidos violentos pero que a menudo pasan desapercibidas para los adultos responsables. A esto se suma la exposición constante a contenidos agresivos en redes sociales y videojuegos, lo que genera una desensibilización preocupante. El consumo digital de los jóvenes hoy tiene un peso determinante en la forma en que procesan sus emociones, ya que tienden a identificarse con modelos de conducta que ven en sus dispositivos. Para abordar esta problemática de manera urgente, propuso fomentar la «Escucha Activa» en el hogar, permitiendo que los jóvenes expresen lo que sienten ante hechos aberrantes sin ser juzgados. Remarcó que la detección rápida de comportamientos anómalos es fundamental, junto con una supervisión educativa y acompañada de las tecnologías. Finalmente, hizo hincapié en que el discurso agresivo de los adultos y de las figuras de autoridad, influye directamente en los menores por imitación, por lo que resulta indispensable recuperar comportamientos ejemplares para frenar la naturalización del odio en la juventud.
